jueves, 20 de septiembre de 2018

Erik Hacha Sangrienta


Olaf se arrastraba por el campo de batalla, cubierto de sangre, cuando a lo lejos vio una figura acercarse. Rezó a Odín que fuera su hermano Sigrod con el anuncio de que habían vencido. Había perdido un ojo en la lucha y se le dificultaba la visión. El encuentro había sido duro y el más violento que había vivido. De todos los hijos del rey, sólo quedaban cuatro con vida.
Horrorizado, vio que la figura que se acercaba era su otro hermano, Erik, su enemigo, que llevaba la cabeza de Sigrod en una mano, y un hacha cubierta de sangre en la otra, mejor dicho, su rostro estaba completamente salpicado de ella. Portaba una sádica sonrisa mientras se iba acercando. El día que el rey Harald murió, Erik no dudó en tomar el trono y matar a quien se le opusiera. Olaf recordaba aquel banquete donde vio a su hermano Bjorn ponerse pálido luego de beber, retorciéndose en la mesa hasta su muerte mientras Erik simplemente miraba con indiferencia. Años atrás lo había visto asesinar a otro de sus hermanos, Halfdan, mediante el águila sangrienta, ese castigo que consistía en abrir a la víctima por la espalda, y luego abriendo sus costillas con los pulmones hacia afuera, de modo que parecieran alas manchadas con sangre.
-Hermano, ¿realmente es necesario que atentes contra tu propia sangre sólo por ambición? Piensa en lo que diría nuestro padre. Tu accionar no es digno del Valhalla-vociferó Olaf, sabiendo que sólo estaba retrasando su muerte
-Éste es mi destino. Debo eliminar a aquellos que sean una amenaza para mi reino. No me importan los medios, mi fin es gobernar.
Erik blandió con fuerza el hacha y lo degolló.


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