jueves, 4 de octubre de 2018

Yashin, pasado de copas


Un cigarrillo y un trago de vodka, nada más. Eso es lo que decía Yashin cada vez que los periodistas corrían tras él para conocer su secreto de atajar bien. Le llamaban la Araña Negra por su vestimenta oscura. Era el mejor arquero del mundo, y lo tenía la Unión Soviética, que venía de campeonar en Europa, afirmándose como selección candidata a suceder a Brasil como reyes del fútbol en el mundial del 62.
Pero algo pasó la tarde del tres de junio, aquel partido contra Colombia. No tardaron los soviéticos en ponerse en ventaja, Ivanov haría el primero y el tercero, dejándole el segundo a Chislenko. Las gradas eran una fiesta, eran claros vencedores. Para el combinado rival sirvió de consuelo un gol de Aceros, lo curioso fue que en ese gol Yashin por un momento pareció dudar de lo que estaba viendo y casi se va al piso en un intento por agarrar el balón. Corrían once minutos del segundo tiempo cuando Poneldenik estampó el cuarto y los hinchas coreaban.
Entonces llegó la segunda catástrofe, de un tiro de esquina más o menos bien pateado, llegaría el segundo gol colombiano, el primer gol olímpico en un mundial. Yashin se limitó a caminar hacia la pelota mucho después de que esta entrara al arco. Hay que reconocer que el soviético no tuvo culpa alguna en el tercer gol, pero era claro que algo le pasaba, sí fue en parte responsable del empate de Sálazar, queriendo salir a cortar el avance rival a cualquier lado. La hinchada soviética seguía gritando aunque no se sabe si era en aliento o insultando a su cancerbero. Los periodistas, que creían absurdo el “secreto” de Yashin, comenzaron a creerle, y también concluyeron que esta vez, se le había ido la mano.

jueves, 27 de septiembre de 2018

TID

Parte 1: http://cafeytrapos.blogspot.com/2018/09/el-verdugo-de-dios.html
Parte 2: http://cafeytrapos.blogspot.com/2018/09/la-ultima-risa-pagliacci-parte-ii.html


—Mierda, mierda. ¿Qué acaba de pasar? ¿Quién es ese tipo? ¿Está muerto? Sí, lo está, pero yo no lo maté, o tal vez sí, no puedo recordar nada. Pero no hay nadie más aquí, tengo que huir. Pero no puedo. ¿Qué pasó?
— ¿Qué pasó? Te lo voy a contar, ese tipo venía a matarnos, pero como no sirves para otra que cosa que escribir horribles poemas tuve que tomar el control y defenderte. Así es, yo lo maté, y fue bastante divertido. Le quité su arma y lo apuñalé, digamos, unas cinco veces. Ante la duda luego lo degollé, hubieras visto su rostro mientras lo hacía. Espera, sí puedes.
—Hey, no creas, te está mintiendo. Eso no pasó, se lo está inventando. Tal vez alguien busca incriminarte.
—Por favor, si de lo único que es culpable es de ser un mal escritor, ¿qué no leíste el poema ese del payaso que mataba a sus espectadores? La última risa le llamó, qué nombre más estúpido. Anda, vámonos. Dejemos a ese loco y sus ridículas ideas de ser verdugo de dios.
—Pero, ¿qué haremos con el cuerpo? No podemos dejarlo ahí, la policía lo verá.
— ¿Y eso qué? Que lo tire a la alcantarilla, no sé, ni me importa
—Que lo condenarán, no podemos permitir eso.
—Y una mierda, que lo condenen entonces.
— ¿Qué no te das cuenta que nos van…?
— ¿A encerrar? Ya lo estamos. Una celda no hará la diferencia.
— ¡Cállense! Carajo, no puedo saber qué lo hice, no puedo decir que no lo maté si no lo tengo claro. Esta mierda de trastorno me jodió la puta existencia. Yo quería ser escritor, quería ser famoso, ganar premios, ser reconocido por mis libros en todo el mundo. Y ahora estoy jodido. Ja, ja, es mejor que el show acabe con una última risa, ¿verdad, chicos? Vamos, ríamonos todos juntos.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

La última risa




Parte 1: cafeytrapos.blogspot.com/2018/09/el-verdugo-de-dios.html

Nadie hace caso al comediante,
un último chiste, ya sin aire
solo él puede reirse.
El público le da la espalda,
la lágrima recorre su cara.
Fracasó,
pero el show debe continuar,
tras bambalinas, su último número
y otra vez en el escenario
anuncia tiempos de cambio.
Esta es su nueva rutina,
que dice, es la mejor medicina.
Una bala cruza el salón
directo a los ojos del espectador,
aquel que lo insultó y humilló
Pánico.
Corridas, lágrimas, desesperación.
El sueño terminó.
Esto es diversión, piensa,
es gracioso en verdad
de este payaso ya no se reirán.
Telón.

jueves, 20 de septiembre de 2018

Erik Hacha Sangrienta


Olaf se arrastraba por el campo de batalla, cubierto de sangre, cuando a lo lejos vio una figura acercarse. Rezó a Odín que fuera su hermano Sigrod con el anuncio de que habían vencido. Había perdido un ojo en la lucha y se le dificultaba la visión. El encuentro había sido duro y el más violento que había vivido. De todos los hijos del rey, sólo quedaban cuatro con vida.
Horrorizado, vio que la figura que se acercaba era su otro hermano, Erik, su enemigo, que llevaba la cabeza de Sigrod en una mano, y un hacha cubierta de sangre en la otra, mejor dicho, su rostro estaba completamente salpicado de ella. Portaba una sádica sonrisa mientras se iba acercando. El día que el rey Harald murió, Erik no dudó en tomar el trono y matar a quien se le opusiera. Olaf recordaba aquel banquete donde vio a su hermano Bjorn ponerse pálido luego de beber, retorciéndose en la mesa hasta su muerte mientras Erik simplemente miraba con indiferencia. Años atrás lo había visto asesinar a otro de sus hermanos, Halfdan, mediante el águila sangrienta, ese castigo que consistía en abrir a la víctima por la espalda, y luego abriendo sus costillas con los pulmones hacia afuera, de modo que parecieran alas manchadas con sangre.
-Hermano, ¿realmente es necesario que atentes contra tu propia sangre sólo por ambición? Piensa en lo que diría nuestro padre. Tu accionar no es digno del Valhalla-vociferó Olaf, sabiendo que sólo estaba retrasando su muerte
-Éste es mi destino. Debo eliminar a aquellos que sean una amenaza para mi reino. No me importan los medios, mi fin es gobernar.
Erik blandió con fuerza el hacha y lo degolló.


miércoles, 19 de septiembre de 2018

El verdugo de Dios

Dios, ¿me escuchas? He seguido al pie de la letra tus instrucciones, propagué tu mensaje tal como me dijiste, pero nadie hace caso, es más, se burlan de mí. En la calle me arrojaban piedras mientras me filmaban y se reían. Decían que yo estaba loco, ¿puedes creer eso señor?
Me invitaron a la televisión, allí había una enviada de Satanás que se hacía pasar por psiquiatra, quiso ridiculizarme, que tenía algún problema, una especie de trastorno mental.
No puedo permitir que seas humillado de esta forma, no quisieron oír. Y esa herejía debe ser castigada. Ya he hecho mi juicio sobre aquellos pecadores, pronto conocerán tu ira, pues no sólo soy tu mensajero. Soy el verdugo de Dios.