"A los botes", grita el capitán, con gran desespero. "Estamos siendo atacados". La fiesta tocaba su fin. "Son tiburones", los reyes del mar, sedientos de sangre. "Mujeres y niños primero". Una dama malherida ve con melancolía a sus hijos subirse a los botes. Mientras vivan, lo demás no importa, piensa antes de cerrar sus ojos para siempre.
El tiempo parece detenerse mientras veo con desdén a quienes no logran salvarse.
Los botes se van alejando, somos pocos los que ya estamos lejos y no corremos peligro, pero no puedo dejar de pensar, que tan solo horas atrás me encontraba bailando con la muerte.
¿Qué es eso? ¿Una aleta? No, son más. Nos alcanzaron. Se acabó, ahí vienen los tiburones a teñir de rojo el mar.
sábado, 15 de septiembre de 2018
viernes, 14 de septiembre de 2018
Falso hijo de un rey
Mi infancia no fue feliz. Ante la imposibilidad del rey de
poder concebir un hijo, fue dictado que el próximo niño a nacer debía ser
entregado para asumir el rol de príncipe. Mujeres huyeron del reino ante la
sola idea de entregar su descendencia a aquel tirano, hubo quienes incluso
recurrieron al suicidio. Por otro lado, hubo familias pobres que, esperanzadas
en obtener alguna ayuda del soberano, se empeñaron en la búsqueda un hijo. Ese
fue el caso de mis padres, un matrimonio humilde de campesinos. Una vez nacido,
fui entregado a la realeza, lo que sucedió con mis verdaderos padres jamás me
fue esclarecido, aunque doy por hecho que fueron asesinados.
Vagos recuerdos son los que tengo de mi niñez, pero hay algo
que nunca pude olvidar. Una tarde, con solo nueve años, vi como traían a un
sujeto cuyas ropas no coincidían con la vestimenta habitual del reino, parecía
un soldado. Mi padre sin mediar palabra se pasó el dedo índice por el cuello y
aquel hombre fue ejecutado ante mis ojos.
Aquellas palabras retumbaron en mi cabeza hasta el dia de
hoy. No era más que un infante, apenas pude comprender en el momento su
significado. Tres años después, jugando con los esclavos, que yo creía eran mis
amigos, ignorando por completo su forma de vida. Uno de ellos gritó que no
aguantaba más, y corrió hacia las puertas del palacio. Fue degollado en el
mismo instante. Pregunté a los guardias por qué habían hecho eso.
Molesto, me dirigí hacia donde estaba él.
Poco después fui enviado a un monasterio. Él creía que
pasar tiempo con los sacerdotes cambiaría mi pensar. Cada noche rezaba a Dios
para que dejara de sembrar el temor, como me había dicho años atrás, aunque
sabía que todo seguía igual. Por las tardes me escapaba al bosque para estar
solo.
Permanecí allí por diez años, durante los cuales fui
planeando mi venganza al descubrir mi verdadera historia. Agradecí a los
hermanos que me criaron y me brindaron la educación. No eran gente malvada,
eran hombres con miedo.
Me adentré en el reino y fui directo hacia el palacio,
seguido por una muchedumbre intrigada al verme regresar. No dudé en mostrar mi
espada a los guardias para que me dejaran pasar. Con mucho esfuerzo, aparecí
ante él.
Siempre me despierto en esa parte, y no tengo más remedio que contemplar los barrotes de mi celda.
sábado, 8 de septiembre de 2018
Cerca, lejos
No es la nada. Es lo que no me tendrá. Es el allá en la lluvia. Es la lluvia y sus modos. Impresiones. Masas de traducción dudosa. Puntos de partida hacia ningún lugar.
Un paisaje lluvioso que me transporta hacia atrás en el tiempo, a la niñez en el campo. En los días en los que el asfalto se hallaba sumergido en el agua.
Tu nariz, tu boca. Todo tu cuerpo me relata la historia de tus máscaras. Sé tanto de vos, que cada vez te conozco menos. Pero estás ahí, por más que trates de esconderte. Es en tus ojos, en su transparencia pura y delatora, donde te encuentro. Cerca, lejos.
Tu nariz, tu boca. Todo tu cuerpo me relata la historia de tus máscaras. Sé tanto de vos, que cada vez te conozco menos. Pero estás ahí, por más que trates de esconderte. Es en tus ojos, en su transparencia pura y delatora, donde te encuentro. Cerca, lejos.
De cerca solo palabras tratando de expresar algo y de lejos una forma extraña que podría ser un espantapájaros.
Paula Crovo
Sergio Custodio
Mariano D'Allegri
Micaela Zabini
La emoción del primer gol
Recibió la pelota entrando solo en el área,
mano a mano con el arquero, el cual nada pudo hacer para retener el disparo y
dejó que anotara. Fue tan grande su emoción, que corrió desenfrenado hacia una
esquina, se quitó la camiseta, consciente de que tenía tarjeta amarilla y sería
expulsado por dicha acción, pero no le importaba, había marcado un golazo, un
gol que sería inolvidable. Hasta que se dio media vuelta y vio al hombre que le
arruinaba el sueño. Vio al juez de línea levantando la bandera.
Mate y banco
Jorge
nació en la Plata, y se mudó a Bahia Blanca a los diez años. Cuando termino el
colegio sus padres le dieron dos opciones, estudiar, o hacer algún deporte,
como lo único que apasionaba a Jorge era coleccionar DVDs de películas de serie
B, y eso no se estudiaba en ningún lado, optó por el futbol, y eligió la
posición donde menos movimiento hubiera, la de arquero.
Se fue
a probar a Olimpo donde practicó penales, pero no pudo atajar ninguno, y bueno,
es que él tampoco se movía, se quedaba quieto ahí en el medio tomando mate. A
pesar de su ineficacia como cancerbero, decidieron dejarlo en el club como
cuarto arquero, porque su inhabilidad para atajar lo compensaba preparando
mate. Así pasó doce años sentado en el banco de Olimpo, en los cuales vio pasar
cientos de jugadores, dirigentes y directores técnicos, siempre sentado en el
banco, eso sí, con el termo bajo el brazo.
Nadie
entendió bien cómo fue que un día su nombre apareció en la lista de convocados
para el mundial. Algunas fuentes afirman que el entrenador tuvo un sueño donde
levantaba la copa del mundo y Jorge le cebaba un mate. No hubo declaraciones al
respecto. Otro rumor que crecía muy fuerte era que por su calidad como cebador,
Uruguay pensaba en nacionalizarlo.
Como a
Jorge se le había quemado el modem y el televisor, no tenía ni internet ni
cable y no estaba enterado de la convocatoria, lo que hizo que se uniera tarde
a la selección, que ya estaba por jugar los octavos. Como toda la vida, vio a
su país llegar a la final sentado en su lugar de siempre.
Si el
solo hecho de formar parte de la selección fue raro, más raro fue lo ocurrido
en la final entre Argentina e Inglaterra. Argentina iba ganando por dos goles a
uno cuando en la última jugada el árbitro sancionó penal para los ingleses, y
expulsó al arquero titular. El entrenador, desesperado, llamó al Bicho Rodríguez,
el suplente, para que entrara a atajar el penal. Rodríguez tomo un mate de
Jorge, se persignó para entrar…pero un dolor en el estómago le impidió saltar
al campo, entonces todas las miradas se clavaron en Jorge, ahora él debía
entrar. A los 31 años, finalmente iba a debutar profesionalmente. Se posicionó
en el arco y desafió con la mirada al inglés ejecutor. El árbitro hizo sonar su
silbato y el mundo entero se paralizó. El rival pateó con fuerza al medio del
arco, Jorge, fiel a su estilo, se quedó parado y lo agarró. El árbitro marcó el
final del partido y todo un país celebró. Jorge decidió retirarse de la
actividad al día siguiente y se puso un local de películas de serie B, de él
nunca más se supo nada, ni tampoco del Bicho Rodríguez, que lo último que se
dice, es que nunca más volvió a tocar un mate.
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