viernes, 4 de enero de 2019

Había una vez...


Había una vez un reino donde los habitantes creyeron que como su nuevo gobernante era muy rico, no perjudicaría a los pobres campesinos. Al comienzo de su reinado, el monarca parecía alguien educado y que escuchaba las problemáticas de su gente. Pero poco les duró el encanto, pronto el rey comenzó a tomar decisiones, que podríamos llamar, muy estúpidas. Hizo que los campesinos tuvieran que pagar mucho más por sus tierras, como le parecía que había demasiadas personas trabajando, empezó a despedir a unas cuantas. Con el paso del tiempo cuando el rey hablaba parecía un infante, y el pueblo, molesto al ver que su líder de ojos celestes no era lo que parecía, comenzó a protestar.
Pero el rey tenía sus defensores, aquellas personas de su misma posición social, que le aseguraba que debía ser duro con los “sucios revoltosos”, así les llamaban. Decían que les mandaran al ejército y, si había que matar, que mataran, porque “a nadie le iba a importar”. El rey no sabía qué hacer y cuando entraba en crisis decía que la culpa era de la reina anterior.
Otra cosa que no se permitía en el gobierno era insultar al líder, por más que fuera un insulto pequeño, podían llegar a encerrar a quien lo hiciera. Eso sí, a cualquier otro rey estaba bien insultarlo.
En el reino también había un excesivo odio hacia la mujer, por ejemplo, siempre las trataban de locas o de querer llamar la atención, suena absurdo, pero así era, ni siquiera podían elegir si tener hijos o no, siempre excusándose en la fe, porque la Iglesia también era muy importante para los ricos, más allá de que no fueran nunca a misa o desviaran la mirada cuando veían un pobre.
Afortunadamente, reinos como este con su gente y gobernantes ya no existen, o bueno, a lo mejor sí.

lunes, 31 de diciembre de 2018

Año nuevo en el paraíso


A ver, de nuevo, ¿por qué tenías que ofrecerte como anfitrión para recibir el año nuevo? dijo el diablo, visiblemente molesto, mientras acomodaba los platos.
Es porque siempre nos invitan ellos, y por una vez en la vida sentí que debían invertirse los papelesle contestó Dios.
Claro, pero ellos son doce, y nosotros somos dos para organizar esto.
Querrás decir tres.
Por lo que hace tu hijo…señaló a Jesús, quien se encontraba durmiendo en un sillón.
Déjalo, está cansado.
¿Cansado de qué? Si el único que trabaja soy yo. Tengo administrar los malditos círculos, y encima el tonto de Dante sigue perdido y no sé dónde carajo está. Además, los nórdicos beben como unos desgraciados, hay que controlar las bebidas.
Los nórdicos no vienen, sólo los griegos.
¿En serio?-el diablo se sorprendió-¿Qué le pasó al resto? ¿Es por lo que pasó aquella vez con Mahoma?
No, no, simplemente declinaron la invitación.
Debe ser por tu ensalada.
¿Qué tiene de malo?
No sé, pero el año pasado Zeus casi se nos va, y eso que es inmortal.
Bueno, pero se comió la mitad
¡Porque los otros la dejaron! Mira, ni siquiera yo les daría eso de comer a los que tengo allá abajo. Tengo principios. ¡Y tú despierta de una vez carajo! ¡dijo tirándole un pedazo de pan a Jesús.
Oye, no desperdicies la comida, que luego Dionisio se queda con hambre.
A Dionisio basta con endosarle una buena botella y no joderá.
Pero es el dios del vino, puede tomar lo que sea.
Dijo lo mismo el año pasado, y ya ves, pobre Mahoma.
Ya no saques el asunto de Mahoma, por favor. Hijo, saca la ensalada de la heladera.
Hey, allá vienen, vaya, la cara de felicidad de Hades puede verse a kilómetros, Afrodita y Hefesto vienen tomados de la mano, solo espero que no hagan lo mismo de las últimas tres cenas….un sonido de vidrios rotos alarmó a los anfitriones, que voltearon a ver a Jesús, que a la vez, contemplaba la ensalada derramada en el pisoHey, por fin haces algo bien—el diablo alzó los brazos en señal de victoria y se sentó a comer.


sábado, 8 de diciembre de 2018

Capitán Lawrence

El capitán Lawrence sabía que su final estaba al caer, su viejs herida de guerra había reaparecido, y el escorbuto tampoco ayudaba.
Él y sus cuatro acompañantes habían llegado al polo con la ilusión de ser los primeros en alcanzarlo, pero el hallazgo de la bandera noruega fue un golpe duro, significaba derrota.
El viaje de ida fue díficil, y la vuelta aún más, el frío era un duro rival y Lawrence lo sabía, ya habían perdido a un hombre a causa de ello, y esa también era la razón por la cual no quisieron escuchar su pedido de abandonarlo y regresar sin él, pues herido como estaba no era más que una carga.
Fue un dieciseis de marzo, un día antes de cumplir años, que Lawrence tomó una decisión. Era de noche, sus compañeros pasaban el rato riendo y jugando las cartas. El capitán se paró y dijo
—Voy a salir, y puede que tarde un tiempo.
Con cada paso que daba sentía cómo se helaba su aliento, pensaba en que ellos podrían volver solos, ese sería su regalo. Murió solo, en la noche.

martes, 9 de octubre de 2018

Canción de cuna

Un dios fugitivo. Un rey muerto. Perdida la guerra, la traición es lo más sencillos para los cobardes. El que permaneció fiel yace en la tierra. Atado a mi estandarte, soy el último en pie. Que me encuentren así. La muerte juega una carrera para encontrarme antes que mis enemigos. A la espera, silbo aquella canción que mi madre me repetía todas las noches.

viernes, 5 de octubre de 2018

Boca vs. Cúcuta

—¿Va a dejar jugar así? Es una locura, es una locura, si no se ve nada. ¿Cómo van a hacer goles si no pueden ver el arco?—el padre de Félix miraba con desesperación la hora, jugaba Boca, el equipo de su papá, de su mamá, de su abuelo y también el suyo, aunque él no tenía mucha idea de fútbol, apenas tenía diez años. No entendía lo que pasaba, sólo escuchaba lo que conversaban los mayores, como podía, porque el ruido ensordecedor de los hinchas que cantaban no lo dejaba escuchar bien. Que lo tenían que suspender para el otro día decía el abuelo. Que iba a ser un milagro hacer dos goles con el clima en esas condiciones.
Entre los hinchas empezaba a correr la voz de que se suspendía, pero al rato llegó la versión de que se jugaba. Esa fue la real, se jugaba.
"Y vamos Boca que no podemos perder, y vamos Boca que tenés que ganar" cantaba toda la Bombonera, incluida su familia, que lo incitaba a que cantara también. Félix sintió como unas vibraciones. Se preguntó si habría algún terremoto, pues eso le habían enseñado en el colegio.
—¿Qué pasó? Preguntaba cada tanto su papá cuando la niebla se tornaba más espesa, a la espera que otro hincha le respondiera.
—¡Tiro libre, patea Román!—gritó uno a lo lejos mientras se escuchaban bombos y aplausos. Gol. Gol de Boca, Félix sintió como miles de personas se hacían una sola con ese grito, su abuelo lo alzó mientras cantaba. Ya no cantaban la anterior, ahora decían "Es para vos, gallina p.." y no alcanzó a escuchar el resto porque le taparon los oídos. Fin del primer tiempo.
—Esto, esto que estás viviendo-le decía el abuelo—esto es Boca, ¿te gusta?—Félix asintió tímidamente, empezaba a comprender.
Daba inicio el segundo tiempo, la niebla era todavía más espesa, prácticamente no se veía nada. Pero Félix lo vio. A él. Al que su padre y abuelo glorificaban todos los domingos. Al que llamaban Titán, a Martín Palermo entrando como si de un fantasma se tratase, empujando la pelota con la cabeza. Esa fue la primera vez que gritó un gol, aunque lo hizo en forma un poco tímida, porque tampoco quería hacer el ridículo. Pero la soltura llegaría al final, cuando, ya con la niebla un tanto despejada, un centro de ese Román del que tanto hablaban fue a parar a la cabeza de un tal Seba Battaglia, el León y ahí sí, gritó con tanta fuerza que se sintió por primera vez hincha. La cancha se venía abajo. Félix entendió que las vibraciones eran la Bombonera, que latía. Estaban en la final. Siguió yendo a la cancha y jamás olvidó lo que su abuelo le dijo aquel día: esa pasión, eso es Boca.