—A ver, de nuevo, ¿por qué tenías que
ofrecerte como anfitrión para recibir el año nuevo? —dijo el
diablo, visiblemente molesto, mientras acomodaba los platos.
—Es porque siempre nos invitan ellos, y por
una vez en la vida sentí que debían invertirse los papeles—le
contestó Dios.
—Claro, pero ellos son doce, y nosotros somos
dos para organizar esto.
—Querrás decir tres.
—Por lo que hace tu hijo…—señaló
a Jesús, quien se encontraba durmiendo en un sillón.
—Déjalo, está cansado.
—¿Cansado de qué? Si el único que trabaja soy
yo. Tengo administrar los malditos círculos, y encima el tonto de Dante sigue
perdido y no sé dónde carajo está. Además, los nórdicos beben como unos
desgraciados, hay que controlar las bebidas.
—Los nórdicos no vienen, sólo los griegos.
—¿En serio?-el diablo se sorprendió-¿Qué le
pasó al resto? ¿Es por lo que pasó aquella vez con Mahoma?
—No, no, simplemente declinaron la invitación.
—Debe ser por tu ensalada.
—¿Qué tiene de malo?
—No sé, pero el año pasado Zeus casi se nos
va, y eso que es inmortal.
—Bueno, pero se comió la mitad
—¡Porque los otros la dejaron! Mira, ni
siquiera yo les daría eso de comer a los que tengo allá abajo. Tengo
principios. ¡Y tú despierta de una vez carajo! —¡dijo
tirándole un pedazo de pan a Jesús.
—Oye, no desperdicies la comida, que luego
Dionisio se queda con hambre.
—A Dionisio basta con endosarle una buena
botella y no joderá.
—Pero es el dios del vino, puede tomar lo que
sea.
—Dijo lo mismo el año pasado, y ya ves, pobre
Mahoma.
—Ya no saques el asunto de Mahoma, por favor.
Hijo, saca la ensalada de la heladera.
—Hey, allá vienen, vaya, la cara de felicidad
de Hades puede verse a kilómetros, Afrodita y Hefesto vienen tomados de la
mano, solo espero que no hagan lo mismo de las últimas tres cenas….—un
sonido de vidrios rotos alarmó a los anfitriones, que voltearon a ver a Jesús,
que a la vez, contemplaba la ensalada derramada en el piso—Hey,
por fin haces algo bien—el diablo alzó los brazos en
señal de victoria y se sentó a comer.