lunes, 31 de diciembre de 2018

Año nuevo en el paraíso


A ver, de nuevo, ¿por qué tenías que ofrecerte como anfitrión para recibir el año nuevo? dijo el diablo, visiblemente molesto, mientras acomodaba los platos.
Es porque siempre nos invitan ellos, y por una vez en la vida sentí que debían invertirse los papelesle contestó Dios.
Claro, pero ellos son doce, y nosotros somos dos para organizar esto.
Querrás decir tres.
Por lo que hace tu hijo…señaló a Jesús, quien se encontraba durmiendo en un sillón.
Déjalo, está cansado.
¿Cansado de qué? Si el único que trabaja soy yo. Tengo administrar los malditos círculos, y encima el tonto de Dante sigue perdido y no sé dónde carajo está. Además, los nórdicos beben como unos desgraciados, hay que controlar las bebidas.
Los nórdicos no vienen, sólo los griegos.
¿En serio?-el diablo se sorprendió-¿Qué le pasó al resto? ¿Es por lo que pasó aquella vez con Mahoma?
No, no, simplemente declinaron la invitación.
Debe ser por tu ensalada.
¿Qué tiene de malo?
No sé, pero el año pasado Zeus casi se nos va, y eso que es inmortal.
Bueno, pero se comió la mitad
¡Porque los otros la dejaron! Mira, ni siquiera yo les daría eso de comer a los que tengo allá abajo. Tengo principios. ¡Y tú despierta de una vez carajo! ¡dijo tirándole un pedazo de pan a Jesús.
Oye, no desperdicies la comida, que luego Dionisio se queda con hambre.
A Dionisio basta con endosarle una buena botella y no joderá.
Pero es el dios del vino, puede tomar lo que sea.
Dijo lo mismo el año pasado, y ya ves, pobre Mahoma.
Ya no saques el asunto de Mahoma, por favor. Hijo, saca la ensalada de la heladera.
Hey, allá vienen, vaya, la cara de felicidad de Hades puede verse a kilómetros, Afrodita y Hefesto vienen tomados de la mano, solo espero que no hagan lo mismo de las últimas tres cenas….un sonido de vidrios rotos alarmó a los anfitriones, que voltearon a ver a Jesús, que a la vez, contemplaba la ensalada derramada en el pisoHey, por fin haces algo bien—el diablo alzó los brazos en señal de victoria y se sentó a comer.


sábado, 8 de diciembre de 2018

Capitán Lawrence

El capitán Lawrence sabía que su final estaba al caer, su viejs herida de guerra había reaparecido, y el escorbuto tampoco ayudaba.
Él y sus cuatro acompañantes habían llegado al polo con la ilusión de ser los primeros en alcanzarlo, pero el hallazgo de la bandera noruega fue un golpe duro, significaba derrota.
El viaje de ida fue díficil, y la vuelta aún más, el frío era un duro rival y Lawrence lo sabía, ya habían perdido a un hombre a causa de ello, y esa también era la razón por la cual no quisieron escuchar su pedido de abandonarlo y regresar sin él, pues herido como estaba no era más que una carga.
Fue un dieciseis de marzo, un día antes de cumplir años, que Lawrence tomó una decisión. Era de noche, sus compañeros pasaban el rato riendo y jugando las cartas. El capitán se paró y dijo
—Voy a salir, y puede que tarde un tiempo.
Con cada paso que daba sentía cómo se helaba su aliento, pensaba en que ellos podrían volver solos, ese sería su regalo. Murió solo, en la noche.